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martes, 5 de mayo de 2015
Cousas miñas
ESTUPIDECES DE XUVENTUDE.
Fai anos, anos nos que un, obligado por a pobreza da Xeabra, na que staba inmersa, como outras zonas, despous da fratricida guerra chamadacivi (incivil, para min), a todo aquel nacido nos famosos Montes de León, xa descritos por un tal Miguel Saavedra, natural de Cervantes de Sanabria, do cual nome non queria acordarse, cuatrocentos anos despous da sua morte, a cousa seguia exactamente igual. Metida toda a Xeabra nunha pobreza que non tiña visos de mellorar, todos e todas Xabres@s, estábamos obligados a emigrar, dedicarse o contrabando ou ingresar na forzas represoras da época. Como todo o dito, non era bon para todos, algúns decidimos liscar buscando horizontes novos nos que formarse e buscar unha mellor maneira de vida. Cousa que algúns conseguiron e oiutros non. Mais iso non é o motivo de esta entrada.
Hoxe, non sei porqué razón, chegou a miña mente unha anécdota daquela época na que eu viví en Barcelona. Ëpoca que non esquecerei nalgúns casos, e noutros tratarei de olvidalos para sempre.
A anécdota, en concreto é a seguinte: Daquela eu, con vintepoucos anos, saído dunha comarca deprimida, saido da “mili” cunha formación media, deime conta de que todo estaba por facer , todo o tiña por ver, e experimentar. Cando digo todo é TODO.
Adoitaba ir as veladas de boxeo, loita libre, e demais caralladas que se facian arredor do Paralelo.Daquela tamén no mundo do boxeo, triunfaban os que sairan da nada e fixéranse un posto na vida do país a base de “Ostias”, xente como Pedro Carrasco, un boxeador creo que apellidado San José e outros que xa nin recordo. Os dous que nome-ei, daquela, eran campeóns de Europa, xunto con outro que creo que se chamaba Legrá.
Nunha velada, a que asistín habia combates de boxeo entre os tres nominados e os respectivos contrincantes, dos cuais nomes non me acordo.
Un dos combates era o de San José (coido que o nome era así), contra un “negrito” que no segundo ou terceiro asalto caeu noquedo. O que no argot boxistico se chama perder po K.O. A bronca foi monumental. Todo quisque berrando como energumenos, eu incluido, “tongo, tongo..”.
Acabou a velada, cada un a sua casa, e a esperar outra.
O dia seguinte, merquei a prensa, supoño que a do movimento, e fun a ver que decian da velada da noite anterior. O negriño, o que le berreramos aquelo de tongo, tongo.., pola noite morrera a causa de un deramme cerebral.
Cando lein aquelo, pensei que o derrame cerebral tiñao eu polos berros que proferin, e deixarme levar por a ¿euforia?, da multitude berradora.
Non volvin a entrar en ningún sitio no que alguén se dera de Ostias, por diñeiro.
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COUSAS MIÑAS
jueves, 1 de marzo de 2012
Carta a Don Miguel, Maestro de maestros.
Querido Don Miguel:
Es la primera vez que me dirijo a usted. Nunca me había atrevido, pues aunque somos, al parecer, paisanos, no me atrevía, habida cuenta de la enorme distancia en la cosa escrita entre usted y este su servidor.
Hoy, después de llevarme una gran alegría y al mismo tiempo una enorme tristeza, por la misma cosa, no he podido por meno que dirigirme a usted.
Trataré de explicarle esa contradicción de tener una alegría y estar triste al mismo tiempo por la misma cosa. Como decía su Ingenioso Hidalgo, a su fiel escudero :”cosas verdes amigo Sancho”.
Le diré Don Miguel; estos días, en la calle donde resido e incluso a veces vivo, hace poco tiempo se inauguró una tienda de objetos de segunda mano, y algunos entre ellos nuevos de los llamados “low cost”. Usted me entenderá, pues me consta que era versado en varias lenguas y no le hacía ascos a ninguna. Casi inventó, vuesa merced el castellano del noroeste peninsular.
Esa tienda hoy cierra, pues se trasladan a otro lugar. Ya había comprado yo alguna cosa allí. Por ejemplo una lampara italiana por cuatro euros. Don Miguel esto de los euros son las monedas actuales de este nuestro país y no aquellos vientos de sus tiempos, aunque duran menos que aquellas ventoleras.
Hoy me dí por el local la última vuelta para comprar unos libros que saldaban, quiero decir que se querían deshacer de ellos. Viene a cuento todo esto porque encontré unas “Novelas Ejemplares, y una vida del buscón al mismo tiempo que otros libritos de autores del siglo pasado, pero que merece la pena leer y tener, para los que vengan detrás de uno.
Había cogido seis libros e iba a satisfacer su importe en la caja. Entonces me dijo una amable señorita, que cada libro valía ochenta céntimos, pero que si me llevaba veinte, me costarían todos cuatro euros. Ni que decir tiene que puse patas para arriba las estanterías buscando aquellos que más me podían interesar. Al final me llevé veinticinco. Algunos de ellos tienen el nombre de algunos de sus poseedores anteriores y otros anotaciones. Tendré que ver si son borrables o son “dejables”.
Ya ve Don Miguel como andan las cosas del mundo de la cultura, en este país y en este momento. Ya sabe, este “eido” nunca ha sido muy bien llevado por aquellos que quieren morir con montones de dinero a su lado para poderse pagar bien la “Barca de Caronte”. Lo que no saben ellos es que es gratis y encima obligatoria. ¡Peor para ellos!
Bueno, Don Miguel, no quiero cansarle más, espero que la noticia no le deje demasiado triste. Para mí ha tenido el lado de la alegría, en que, por poquito dinero he comprado algo de lo que más vale: Un poquito de sabiduría, de personas como usted, que nos la han transmitido.
N cordial saludo de un Sanabrés de muy cerca de Cervantes.
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