Ahora es verano, y, como todos los
veranos, acerqueme a la parte alta del río Tera, donde, desde
tiempos de mi niñez, se compraban las truchas de una piscifactoría
ya desaparecida.
Casi como un rito que no se debía
interrumpir, siempre, después de escoger las truchas y dejarla
encargadas para recogerla mas tarde, subía ribera arriba hasta el
Lago, conocido hoy como El lago de Sanabrés.
Todo el contorno del lago estaba
poblado de de carballinos y no tan carballinos. Algunos eran
carballos de gran porte y añejos con centenas de años en sus
anillos de crecimiento. Solo había en la parte alta una aldea cuyas
casas estaba edificadas sobre unas grandes fragas graníticas, y en
la falda de la Montaña un poco mas arriba estaba el Monasterio
Cisterciense que da nombre al pueblo actual que domina el lago
visualmente, casi en su totalidad.
Desde siempre terminábamos en la isla
de las Moras comiendo las viandas que llevábamos a tal efecto,
después de atravesar la distancia de agua que separaba la orilla
lacustre del contorno de la isleta. Una vez terminado el refrigerio,
nos dedicábamos a contemplar las nubes y cumbres de las montañas
circundantes, en las cristalinas aguas del lago.
Ahora es verano y estoy yo solo en la
isla de Las Moras. Todos los demás ya hace algún tiempo que
iniciaron el famoso viaje sin retorno.
Ahora es verano y la piscifactoría ya
no existe. El Pueble de la parte alta casi tampoco, lleva mucho
tiempo debajo de las aguas del lago junto a la villa de Valverde de
Lucerna, y sus dos campanas colgadas en las cuerna del Bragao y su
compañero. Sin embargo en la margen derecha, ahora hay un pueblo de
casas poco respetuosas con el entorno; todo cemento recubierto de lo
mismo y encalado. ¡No pega con el entorno!.
Me adormilé un momento y al
despertar, creí ver una mujer entre las silvas de la parte opuesta a
la orilla del lago, por la que se acede a la isla. Acerqueme al lugar
donde me pareció ver a la dama, que había vislumbrado momentos
antes.
Efectivamente allí estaba una dama,
con porte de gran señora. Llevaba un camafeo en una cinta de color
pardo que le rodeaba el cuello. En el camafeo había la cara de un
hombre, con una aureola como si de un santo se tratase.
La Dama tenia ganas de hablar. Según
dice llevaba cerca de cien años callada. Ella era la mensajera, la
salvadora de la memoria de aquel cura cuya imagen llevaba en el
camafeo el famoso cura Don Manuel, del cual un famoso escritor dió
noticia.
Necesitaba salir- dijo la dama- pués
en el fondo del lago, los que estamos obligados a convivir en los
restos de Villaverde de Lucerna, también conocida como Villachica.
Últimamente por allí han aparecido unas algas desconocidas antes, y
que ahora están creando muchos problemas.
Lo malo de las situación creada por
estos nuevos inquilinos creemos, incluidos los dos jatos de las
campanas, que el Lago con sus ciudades enterradas en sus entrañas
con sus almas allí ancladas, puede llegar a convertirse en una zona
peligrosa para todo tipo de vida dentro de él, y para los habitantes
de los alrededores, y aquellos que durante el verano se espanzurran
en su pequeñas calitas de arena.
Continuará.........
Estiven lendo sobre a alga e parece ser que se debe á contaminación que sofre a lagoa.
ResponderEliminar"El Lago de Sanabria tiene un alga que indica que está contaminado"
Asi que falando coa dama do lago eh Xabres! :)
Bicos.
Non solo é o da alga. Hai mais problemas de contaminación. A Dama sabeo.
ResponderEliminarBicos.